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Cadena de bendiciones

Cadena de bendiciones

Te pusiste a pensar ¿por qué en un momento tan puntual, donde todo el mundo está mirando al cielo buscando respuestas o soluciones, preguntando qué dice la Biblia sobre lo que está pasando y tratando de encontrar a Dios las iglesias están cerradas?

¿Será que Dios nos quiere decir que no está enfocado en los edificios sino en personas como tú y yo quienes en los momentos de mayor necesidad puedan ser sus manos y servir con amor?

La vida cotidiana transcurría con normalidad, comprar, trabajar, descansar y tal vez, tomar un tiempo para divertirse o relajarse, pero, de repente y sin esperarlo todo cambió. Fue cuestión de días, qué va, de minutos para que nada volviera a ser lo mismo, ni la vida ni las personas.

Un par de estornudos alteraron completamente la manera de ver las cosas a nuestro alrededor, después de todo y casi de cara a la muerte, nada puede seguir igual.

Nunca antes esta generación había experimentado algo tan desconocido y tan fuera de control que nos vimos obligados a pensar diferente y a plantearnos nuevamente la razón por la cual estamos aquí. Como alguien dijo por ahí, las crisis sacan los miedos del ser humano, pero también pueden sacar lo mejor, incluso eso que quizá no sabíamos que estaba ahí esperando poder salir para florecer, para dar y bendecir. Después de todo, así es el amor de Cristo, una cadena de bendiciones que crece y se expande hasta tocar los más remotos confines de este planeta y el ser humano no es la excepción.

La constante interrogante << ¿qué vamos a hacer para ayudar?>> fue lo que gracias a Dios motivó corazones a correr la milla extra, salir de la zona de confort y buscar al necesitado, a nuestro prójimo, para hablar con acciones del gran y eterno amor con que nuestro Creador nos ha amado.

Dicen que la esperanza no puede medirse, mucho menos ser palpable, pero hay veces en que ella puede sentirse en las formas más increíbles para la mente humana. Familias que necesitaban sentirse confortables, fueron alentadas y animadas a seguir adelante al recibir canastas con productos básicos; el amor mismo llamando a la puerta de cada hogar y haciéndose presente entre aquellos que padecen. Es aquí donde podemos percibir que cuando el deseo de servir se junta con la compasión del cielo, la ecuación no es otra que milagros.

Milagros, porque los recursos para completar las canastas no se acabaron hasta que todos recibieron las suya – era como estar en medio del libro de Marcos, en el icónico capítulo seis, cuando los discípulos fueron desbordados por la multiplicación que Jesús hizo con lo poco que se tenía- Porque así es Dios, aunque no nos necesita nos usa como instrumentos de bendición obrando maravillas en nuestros semejantes. Milagros, porque por medio de un par de corazones dispuestos a buscar en bodegas cercanas la manera en que se pudiera completar con otros materiales las canastas distribuidas, se sorprendieron al ver que la misma gerencia de las bodegas ofreció cosas que en ese momento no se podían encontrar en los negocios regulares. Milagros, porque una ida al supermercado fue el medio para que Dios obrara en la vida de una persona sin los recursos para pagar su compra y llevar pan a casa. Imagina la escena, justo frente a la caja, alguien toca su hombro gentilmente y le dice <<No hay de qué preocuparse, su compra de hoy ya está pagada>>, ¿no es maravilloso?, contemplar ese tierno amor de nuestro Padre al cuidar de sus criaturas, pues si cuida de las aves cuidará también de ti y de mí.

Volviendo a la historia de la Biblia, me llama la atención que en medio del desierto, a la hora avanzada y con más de quince mil personas hambrientas, los discípulos fueron en busca de Jesús, sin embargo, , el Maestro les dice <<Denle vosotros de comer>>.

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<<el único subway>> que estaba en la multitud fue grande, pero el poner a otros primero fue la clave de lo que sucede luego. Cuando los discípulos repartieron lo que Jesús había bendecido, se transformó en un milagro que no sólo alimentó a una hambrienta y cansada multitud, sino que sobró lo suficiente como para que otros pudieran también gozar de dicha bendición. Porque Dios, por encima de las sumas, prefiere las más complejas multiplicaciones y éstas se basan en generosidad extrema que practicamos cuando entendemos que para esto fuimos puestos en este momento de la historia, creados con el propósito de volar por encima de cualquier circunstancia adversa y tender una mano amiga, impactando vidas y llevando la dulce fragancia del amor desinteresado, ese amor genuino que proviene de la única fuente: Dios.

Cuando te arriesgas a dar, aun en medio de la crisis, ignorando si habrá suficiente para ti y los tuyos, a gente que nunca volverás a ver, te das cuenta que tu vida no será igual, y es que es imposible que sea igual, pues Aquel que es Poderoso para llevar a cabo las matemáticas celestiales lo multiplica todo, amor, dones, talentos, fuerza, bendiciones, sonrisas.

Sí, es cierto, la vida no será igual, pero podemos elegir ser resilientes y generosos; amar, aun en las circunstancias más adversas.

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